Vapuleo límbico

 

Qué duro es tener que tragar saliva y seguir con tu camino cuando no estás de acuerdo. El mundo sigue girando, y tu con él. Nada ni nadie repara en tu esfuerzo, mientras día tras día repites lo qué se supone que tienes qué hacer. Porqué no te queda otra. Qué comprensión vas a obtener, cómo explicar lo qué te ocurre, no tiene nombre. Lo nombras, lo matas. Y, sin embargo, no puedes librarte de sus efectos.

En qué te has convertido, dónde está tú fuerza, qué cojones le pasa a tu voluntad, por qué no funciona. Se ha atrancado. No tiras. Cada día te rodean decenas de personas, interactúas con ellas, algunas te conocen bien, te ven como siempre, y no es verdad.

Es como el sueño ese, en el qué quieres gritar y no te sale la voz. Es un grito hacia dentro, onírico, pero lo sientes muy conscientemente. La angustia, sí. No hace falta consultar acerca del significado del sueño, notas la impotencia, la disconformidad, la maldita sensación de no poder con ello, de no ser capaz de tragártelo.

Y el reproche. Continuo. El martilleo constante durante demasiado tiempo, cuando vas a comprar al súper, cruzando la calle, mirando el smart, cambiándote de ropa. Todo está impregnado de ese grito sordo.

Para qué vas a quejarte, de qué. ¿De ser idiota? No, gracias. Porqué eso es lo peor de todo, la sensación permanente de ser muy gilipollas. Y a pesar de semejante vapuleo introspectivo cotidiano, inclasificable y anónimo, sigues a lo tuyo.

 —————————————————————————————————————————————-

Cuando salgo de guardia, se me agolpan las ocurrencias, entro en un estado de vigilia en el que visualizo ciertas cuestiones, que van variando según corren las semanas. En ese estado indefinido entre “estoy todavía despierta” y “creo que me tomo otro café, que está muy rico”, realizo un repasito monumental de asuntos, en apariencia, inconexos entre sí, que me procuran largas horas de debate interno sin dramas. Me pongo creativa, creo.

Si acontece que el sueño me esquiva, recurro a la inducción del mismo, a saber, suele funcionarme poner “Sálvame”, ejerce un efecto balsámico sobre mi ebullición límbica, presumo. El caos televisivo peculiar de las sobremesas revierte el proceso y atempera mí deseo de seguir explorando mentalmente. En otras ocasiones busco programas en los que reforman casas y las ponen monísimas, aunque no viviría en ellas.

Al día siguiente, tras un descanso reparador, a fe, salgo a dar un paseo por el barrio a horas tempranas, poco frecuentado, mirando por dónde pongo los pies ya que las brigadas de limpieza campan a sus anchas por las antiguas calles enlosadas.

Mientras evito los charquitos, no puedo evitar resumir la jornada precedente, saliente de guardia, y concluyo que lo qué experimento es lo más parecido a parar el tiempo, o al menos a doblegarlo a mi antojo. Amazing, isn’t it?…

—————————————————————————————————————————————–

De acuerdo, mi idiotez está por fin asumida, había que hacerlo.

“El imperativo de enterarse”, es que no cabe mayor acierto en definir este valle de conexiones.

No digas que fue un sueño.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s