Anomalía

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María tiene 69 años. Ha acudido a hacerse unas pruebas de imagen – mamografía y ecografía – como viene siendo habitual en ella desde hace más de veinte años. En esta ocasión visita un nuevo centro de diagnóstico por imagen, al haber cambiado de ciudad.

Le hacen las mamografías, no puede evitar fijarse en que no le aprieta demasiado la máquina, piensa que debe haber avanzado la tecnología y de ahí la falta de presión sobre sus mamas. El caso es que ella tiene un tejido mamario denso.

Cuando el radiólogo le realiza la ecografía, estando ella tumbada casi a oscuras, le hace preguntas acerca de su historial. A ella le sorprende que lo haga, ya que en todos esos años de revisiones, los médicos, al explorarla concienzudamente apenas le hablaban.

El médico al que no ve la cara sigue preguntando e incluso repreguntando. María empieza a sentirse incómoda, al tener que responder lo mismo, tumbada sobre la camilla sin ver a su “interlocutor”. Si la han operado, si ha dado el pecho, si ha notado algo…

Oye la palabra anomalía. El 3D muestra una anomalía en su mama izquierda. Como María sabe que tiene calcificaciones, cree que se refiere a eso. Después el médico le habla de quirófano, “de algo de un arpón”…Porqué se ve una anomalía. La paciente ya no entiende nada. Se siente en inferioridad de condiciones, reflexiona.

Le dice que hay que repetir las mamografías. Eso le sorprende todavía más, nunca le había sucedido antes. Se siente tensa, casi angustiada.

O quirófano ” que ya sabía que me íba a decir que no”, ¿cómo podía saberlo? o revisiones más a menudo. María sale de la consulta mal, nerviosa, incrédula con lo sucedido. Pregunta en recepción cuándo tiene que regresar, le responden que ellos no hacen seguimientos.

Así, se va hacia casa estresada, intentando entender lo que ha vivido. Los mareos por la tensión acumulada en esa consulta, sin ver la cara en ningún momento a quien le habla de quirófano sin explicarle en qué consiste que haya visto una anomalía, le duran más de una semana.

María decide visitar a otro radiólogo que ya conocía, aunque en otra ciudad en la que antes residía. Su meticulosidad y claridad le convencen, porqué sale de la consulta tranquila. Conocedora de la situación y de las alternativas.

Consigue por fin entender que la anomalía es algo distinto a lo observado hasta ahora, pero que no tiene porqué preocuparse por el momento, sino hacerse otra revisión en seis meses. Ese criterio coincide con el de su ginecóloga.

La 3D era ella, me digo, mientras me narra esta “anomalía”, quizás en la imagen, sin lugar a dudas en el proceder.

Larga y gozosa vida, María, siga cuidándose así de bien.

Nota: Esta entrada está basada por completo en hechos reales, tal como me los contó María.

 

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