Holmes

 

Contar es aprender a amar las preguntas, en palabras de Martín Garzo. Y si alguien ama las preguntas, ese es Sherlock Holmes. El detective hecho a sí mismo es una constante. Un personaje literario que conocimos gracias a Conan Doyle, que algo debió de poner de sí mismo, especulo.

Sherlock Holmes emplea su método, potente, casi infalible, para esclarecer los casos que se le presentan. Algunos dirían que es el método deductivo, otros consideran que es más bien inductivo-deductivo. Lo que sí es seguro es su capacidad para ver más allá de lo evidente, de lo establecido. Holmes es un privilegiado por su mente brillante, cultivada, puesta a prueba por sí mismo. Cualquiera que lea a Conan Doyle, o vea algunas de las adaptaciones a la pequeña y gran pantalla, percibe ese inquebrantable compromiso con la realidad de los hechos que analiza. Por eso nos gusta Holmes todavía, emplea el método científico arrinconando a los sesgos cognitivos, especialmente a los suyos.

Sherlock Holmes es además un tipo controvertido, contradictorio. Su falta de modestia con sus propias habilidades supone un motivo de irritación entre sus conocidos. Pocos toleran la voz auto-suficiente y descarnada del personalísimo detective. Su mejor amigo, quizás el único, el Dr. Watson, es su socio, soportando la mayor parte de los comentarios mordaces, a veces cortantes como un estilete, acerca de su falta de ingenio. Pero el médico, lejos de atormentarse por los ataques dialécticos, consigue admirar y a la vez frenar la impetuosidad de Holmes mediante una “sencilla” técnica, ver al hombre, a la persona, más allá de todo su arsenal intelectual. Un tipo listo. Con inteligencia emocional.

Una cree que algunas personas tienen muy diferenciadas sus funciones superiores, de tal modo que por una parte son brillantes, talentosas, que emplean la lógica como lenguaje interno y ven el mundo forzosamente de otra forma. Por otra parte poseen una sensibilidad extrema en cuanto a la percepción de todo lo qué les rodea, que si bien les provee de datos de todo tipo en un flujo imparable, los aísla en cierta forma al ordenarlos. El resto parece que no les interesa.

Porqué ser observador, al estilo de Holmes, es tarea inmensa. Su ventaja frente a otros es que difícilmente se involucra emocionalmente. Poder aprehender la información libremente es una vía bastante efectiva. La necesaria perspectiva para contemplar un escenario a analizar, aunque siempre cuente con intervención humana, o precisamente por ello, supone en manos del talento trabajado de Holmes crear una historia con vida propia, a partir de indicios, huellas, restos, y creo que algo de intuición.

La humanidad para el detective es algo a lo que no acaba de acostumbrarse, una imposición que debe aceptar para resolver sus misterios. Le molesta casi todo lo que hacen o dicen los demás en el sentido de verlo en general innecesario. Y previsible.

Una parte que me fascina de su intrincada personalidad es su querencia por la música, que creo que funciona como camino para liberar tanto dolor por ser único.

Las historias del detective de Baker Street 221b son un ejercicio de lógica en 3D, un recordatorio de la capacidad que poseemos para ver las cosas de otra forma, sin juzgar de ante mano, de analizar los hechos por lo qué son. De embarcarse en la exploración del mundo y de sus gentes a través del amor a las preguntas, a la curiosidad.

 

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