Furrufalla

 

Sucede que a veces quiero venir aquí a contar no sé qué, pero soy incapaz de juntar letras, con la concentración en otro lugar, lejano. Había cambiado el año y seguía sin terminar el anterior, asuntos varios me impedían tan siquiera considerar las fechas para otra cosa que no fuera esperar la resolución de trámites, consultas y demás.

No sé qué clase de enfermera soy, supongo que de esas que intentan hacer bien su trabajo, con revisión nocturna de lo que me ha parecido mejorable en mí práctica; también tienen cabida las situaciones que he vivido o presenciado. Para bien y para mal soy bastante elástica en mis juicios internos, así que tengo material para rato. Lo que sí sé es qué tipo de acompañante soy, en especial si en la sala de espera suenan villancicos.

El caso es que a pesar de estar pendiente de varios asuntos de diferente envergadura, la vida sigue, el trabajo también, los tuits, los chats, aunque te sabe distinto, las prioridades cambian, se recolocan en una pirámide imaginaria de arena, como una duna geométrica y aritmética.

La ventaja de trabajar en un servicio tan concurrido es que no te da para más que para ir coordinando acciones que ayuden a fluir, – consiguiendo instantáneamente olvidarte de todo lo demás -, extremando los sentidos para no liarla. Ese es el método que empleo sucintamente como enfermera en urgencias. Y lo que no es la base de mí práctica adaptada a las circunstancias es el resto, es decir, cuidar. Las palabras que se usan, el tono, la expresión, incluso la energía que se pone en hacer, puede ser un verdadero cubo rubik, con múltiples alternativas que enlentecen todavía más cualquier proceso. La persona que llega espera ser acogida en general. A veces me veo un poco animadora, también.

Estamos en temporada súper-alta, con gente por todas partes y casi a todas horas. Cuando el servicio se llena, la tensión se palpa. La sensación de no avanzar es dura, pero difícilmente puedes ceder a ella. Si la cosa no tira por un lado, me ocupo de otra, me busco la vida, miro, pregunto, escucho. A veces parece que estemos en una cadena de montaje, vía, analítica, ecg, analgesia, placa…De un box al otro volando cuando se va con ritmo, preferible aunque sea agotador, porqué lo qué se hace se le hace a alguien que no se encuentra fino, o muy mal, y es imposible no verlo. Y esa combinación actuando de “tengo que hacer” y “cómo le va” no es una rutina, cambia constantemente.

Como cantaba Prince, don’t patronize me…ni a la sanidad pública tampoco.

Furrufalla: borrufalla – (coloquial de Huesca) hojarasca, fruslería, cosa de poca sustancia. DRAE.

Anomalía

mammography-sign

María tiene 69 años. Ha acudido a hacerse unas pruebas de imagen – mamografía y ecografía – como viene siendo habitual en ella desde hace más de veinte años. En esta ocasión visita un nuevo centro de diagnóstico por imagen, al haber cambiado de ciudad.

Le hacen las mamografías, no puede evitar fijarse en que no le aprieta demasiado la máquina, piensa que debe haber avanzado la tecnología y de ahí la falta de presión sobre sus mamas. El caso es que ella tiene un tejido mamario denso.

Cuando el radiólogo le realiza la ecografía, estando ella tumbada casi a oscuras, le hace preguntas acerca de su historial. A ella le sorprende que lo haga, ya que en todos esos años de revisiones, los médicos, al explorarla concienzudamente apenas le hablaban.

El médico al que no ve la cara sigue preguntando e incluso repreguntando. María empieza a sentirse incómoda, al tener que responder lo mismo, tumbada sobre la camilla sin ver a su “interlocutor”. Si la han operado, si ha dado el pecho, si ha notado algo…

Oye la palabra anomalía. El 3D muestra una anomalía en su mama izquierda. Como María sabe que tiene calcificaciones, cree que se refiere a eso. Después el médico le habla de quirófano, “de algo de un arpón”…Porqué se ve una anomalía. La paciente ya no entiende nada. Se siente en inferioridad de condiciones, reflexiona.

Le dice que hay que repetir las mamografías. Eso le sorprende todavía más, nunca le había sucedido antes. Se siente tensa, casi angustiada.

O quirófano ” que ya sabía que me íba a decir que no”, ¿cómo podía saberlo? o revisiones más a menudo. María sale de la consulta mal, nerviosa, incrédula con lo sucedido. Pregunta en recepción cuándo tiene que regresar, le responden que ellos no hacen seguimientos.

Así, se va hacia casa estresada, intentando entender lo que ha vivido. Los mareos por la tensión acumulada en esa consulta, sin ver la cara en ningún momento a quien le habla de quirófano sin explicarle en qué consiste que haya visto una anomalía, le duran más de una semana.

María decide visitar a otro radiólogo que ya conocía, aunque en otra ciudad en la que antes residía. Su meticulosidad y claridad le convencen, porqué sale de la consulta tranquila. Conocedora de la situación y de las alternativas.

Consigue por fin entender que la anomalía es algo distinto a lo observado hasta ahora, pero que no tiene porqué preocuparse por el momento, sino hacerse otra revisión en seis meses. Ese criterio coincide con el de su ginecóloga.

La 3D era ella, me digo, mientras me narra esta “anomalía”, quizás en la imagen, sin lugar a dudas en el proceder.

Larga y gozosa vida, María, siga cuidándose así de bien.

Nota: Esta entrada está basada por completo en hechos reales, tal como me los contó María.

 

Noviembre

 

“Because you left: Lost”

Tener un título que más bien parece la sinopsis de aquel relato que no escribo, principio y final. “Como en Lost”. Y ahí sigues, con el maldito título que no inspira historia alguna digna de contar, porqué él mismo lo contiene todo. Lo habré convertido en un mantra, un poco con sorna, también con cierto cariño, algo de verdad en él habrá.

Tuve la revelación en Nápoles, mirando por la ventana desde la habitación del hotel con vistas, en Garibaldi. Como no podía ser de otro modo, abrumada y fascinada por la costa del sur de Italia, presidida por el volcán, hubo entrada en este blog, que desapareció, inevitablemente, por mi falta de pericia con el editor versión smart. A pesar de perder entradas, incluso blogs, las historias que cuento por aquí se me quedan bastante, en una extraña danza entre lo real-virtual-deleted propio de esas mentes algo obsesivas con las letras y creo, los párrafos. En realidad son cosas del método, de alguno.

Pero no me quiero alejar tanto de noviembre. Para poder volver a ahora, tengo que recorrer parte del campo de Soria en mi coche en uno de esos días plenos, de verano todavía radiante, entre gasolineras de pequeños pueblos a pie de la nacional. A falta de tradiciones, una recurre al cánon. Las escapadas imprevistas sin previo aviso son marca personal, algo había que aportar.

Me podría arrepentir de ciertos errores crasos, enormes, pero entonces eliminaría los efectos duraderos del placer que se siente cometiéndolos. Nota mental

Desde el páramo, con la pell fina, noviembre, que siempre me ha parecido un mes pelín anodino, ha barrido a golpe de cerrojo de celda a un apabullante octubre.

Retomo la actividad del blog, como de costumbre sin saber muy bien por qué. Soy única promocionando este espacio, lo sé, eso también es marca personal.

 

Silencio que enmudece

Esta entrada debería haberse titulado Santander-Llanes-Madrid, aludiendo a mis visitas a principios de julio que tanto me gustaron y de las que tanto he aprendido, hasta el punto de dejarme callada a la espera de reencontrar el propósito de contar algo.

En los tiempos de la inteligencia emocional, que por mucho que insistan algunos lleva tiempo inventada, en mi barrio le llaman tener sentido común, raro es el día en el que un ciudadano medio no tiene que sortear decenas de mensajes, especialmente en las redes sociales, pero también en cualquier rincón del planeta, recomendándole, cuando no aconsejándole o incluso conminándole a ser positivo, asertivo, feliz.

A mí me parece todo muy bien. De verdad, en general. Quién soy yo para negarle a alguien la posibilidad de generar su propia narrativa vital a golpe de quotes. Bastante duro es levantarse cada día pensando en lo que a cada uno le espera cuando no se siente para hacer más que respirar y poco más. Por favor, qué deprimente. Qué real.

No he entendido nunca, y quizás debería plantearme si ya en la mediana edad como me encuentro he aprendido algo, que insistamos ad infinitum ( ad nauseam ) en responder rápidamente que “no pasa nada”, cuando resulta que por dentro estamos al borde de la rotura. Como ya comenté en un extinto blog de mi autoría, “Elogio de tu tristeza”, a veces quién más sonríe es el que está más triste. Y es el más valiente. Por no preocupar a los que le quieren, por no dar problemas, por no admitir que puede estar jodido como todo el mundo. Cómo explicar que me vuelvo normal al bajarme de cada escenario.

Como un cristo con dos pistolas. Eso pensaba al recordar a alguien a quién admiro tan discretamente como me permite mi inalterable entusiasmo a pesar de todo. Cómo harás para manejarte entre tanta gente que no te interesa, qué esfuerzo monumental fuera del entendimiento no invertirás cada día en, mientras piensas que eres de otro planeta, sonreir inefable a todo aquel que te mire. Cuánto dolor, estimado personaje que habitas un sueño de gloria y bendiciones.

Y me alejo montada en mí coche utilitario a punto de cumplir 11 años de rodaje, cómo me gusta conducir, habrá algo mejor para las almas inquietas que rodar por caminos en busca de contemplar el viaje como aprendizaje, sin objetivos definidos.

Te veo contemplando el horizonte allí dónde se junta lo humano y lo divino, que en tu caso es lo mismo, porqué la gracia aparece en las criaturas salvajes que escuchan al mar, que miran con ojos tiernos la vulnerabilidad ajena, y la arropan.

Debo contener el llanto cuando imagino la vida de algunas personas encomiables, luchando por que nadie les pregunte realmente cómo están, porqué temen defraudar a los suyos, porqué no está el horno para bollos, porqué si sueltan lastre no se levantarían de la cama, y no tienen depresión, lo suyo es soportar.

A veces a uno le cae encima la miseria de ser el faro de muchas vidas, cuando sólo quiere darse la vuelta y suspirar.

No puedo escribir una crónica de un viaje como hubiera querido, porqué algunas personas que me he encontrado no me dejan elucubrar. No tengo palabras para abrazar vuestro descontento, no quiero encontrarlas. Sólo os recuerdo tan lejos-tan cerca.

Nadie vive de frases, ni de momentos.

Compañeros de viaje, aquí podéis claudicar, no pasa nada, mañana seguiréis en la carretera con más gasolina, pero parad un ratito, escuchad lo qué os tenéis que contar.

No necesitamos gurús, ni buenas palabras. No somos dioses, no somos desastrosos que tengan que demostrar permanentemente. Tu, yo, todos, personas sin más.

 

 

Impronta

Te esperaba entre la gente, con un café en la mano, sin saberlo, tan lejos de conocerte, y con tantas ganas de hacerlo.

Apareciste casi brincando, repartiendo sonrisas, con una mezcla de timidez y energía, con ese encanto, casi explicable, por tus características, pero magnético a fin de cuentas.

Verte llegar así, pasando entre seres que quizás te conocían, incluso reconocían, y oírme a mí misma

decir tu nombre en alto, como el de una estrella del rock, exclamativa, admirativa, sonriendo también yo:

Cuántas veces después me he visto en las bocas de otras personas diciendo tú nombre sin que pudieras oírlas, como se nombra lo que una desea pronunciar.

Si algo hice bien fue dejar que tu encanto casi explicable, por tus características, pero magnético a fin de cuentas, hablara sin apenas dirigirme la palabra, te vi.

Pasará el tiempo, no recordaré la letra, y te seguiré viendo, en mis recuerdos, como aquel primer y último día.

 

Trópico de Tauro

He hecho un pacto tácito conmigo mismo: no cambiar ni una línea de lo que escribo. No me interesa perfeccionar mis pensamientos ni mis acciones. Junto a la perfección de Turgueniev coloco la perfección de Dostoyevski. (¿Hay algo más perfecto que El eterno marido?) Así, pues, ahí tenemos dos tipos de perfección en un mismo medio. Pero en las cartas de Van Gogh hay una perfección que supera a una y a otra. Es el triunfo del individuo sobre el arte.

Henry Miller, Trópico de Cáncer

 

La sombra de cualquier objeto tendrá la componente longitudinal nula en el momento del solsticio, cuando el sol se encuentra exactamente en el centro de la esfera visible.

Esa línea imaginaria cuando los rayos solares son completamente verticales, aquí le llamamos trópico de Cáncer, aunque en el firmamento ese punto solsticial está hacia la constelación de Tauro, que es el trópico astronómicamente hablando…

“Parece ser” que hoy es uno de los dos días al año en los que la tierra está más inclinada hacia el sol, qué cosas tiene la astronomía, y la dinámica celeste. Siendo sanitaria todo esto debería quedarse en la curiosidad de consultar la Wiki (1) y poner un tuit ilustradito, pero si eso terminara ahí, este blog tendría los días contados, aunque viendo experiencias anteriores, nada está escrito, irónicamente. O mejor dicho, accesible.

Bueno, he puesto a Miller, que escribió dos libros titulados con los trópicos de los solsticios de verano boreal y austral. Haré caso a Orwell, una vez más, (otro influencer), que al libro que cito le dedicó palabras elogiosas (2), sin embargo al de Capricornio, ni caso.

Creo que leí el libro cuando todavía leía mucho, es decir, de adolescente. En realidad después de mis veinte he seguido leyendo, pero el mal ya estaba hecho. He elegido ese fragmento de la cabecera de la entrada porqué no habla de sexo, que es lo primero que se dice de Trópico de Cáncer. Hay mucho sexo, sucio, impulsivo, ansioso, pero también sentido, entre abrazos, en camas, detrás de un piano, de noche y de día: de todo tipo.

Pero Miller habla de algo más, sobre todo creo que narra un periplo personal ya no intenso, sino magmático, en busca de las palabras para explicar una determinada visión del mundo. Me da la impresión que le daba un poco igual la opinión ajena, y los actos sexuales que pueblan el libro son parte de esa postura, nunca mejor dicho.

Lo mejor que se puede decir de un libro es que te hace ver las cosas de otra manera, quizás también es lo mejor que se puede decir de una persona. Miller cuenta con un estilo que se puede resumir en el entresacado de más arriba. Si alguien considera que sólo es un relato bien redactado jalonado de escenitas de cópula, adelante.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el solsticio de verano? Probablemente nada. O mucho. Esta es la época de año más esperada por todos, aunque nos toque trabajar. El verano es la mejor estación. Incluso en plena ola de calor, que ayer un experto (3) del Carlos III cifraba en un 13% de los días como probabilidad del suceso, aquí somos muy del calorcito.

Es el día más largo, la noche más corta, and “love is in the air”. Disfruten.


http://www.fundacioncapitalismohumano.com/literatura/TROPICO%20DE%20CANCER-%20HENRY%20MILLER.pdf

1 https://es.wikipedia.org/wiki/Solsticio_de_verano

2 http://www.ourcivilisation.com/smartboard/shop/orwellg/whale3.htm

3 Julio Díaz Jiménez, en la jornada de Salud Ambiental en el C. Joaquín Roncal ( Zaragoza 20/06/2017)

Vapuleo límbico

 

Qué duro es tener que tragar saliva y seguir con tu camino cuando no estás de acuerdo. El mundo sigue girando, y tu con él. Nada ni nadie repara en tu esfuerzo, mientras día tras día repites lo qué se supone que tienes qué hacer. Porqué no te queda otra. Qué comprensión vas a obtener, cómo explicar lo qué te ocurre, no tiene nombre. Lo nombras, lo matas. Y, sin embargo, no puedes librarte de sus efectos.

En qué te has convertido, dónde está tú fuerza, qué cojones le pasa a tu voluntad, por qué no funciona. Se ha atrancado. No tiras. Cada día te rodean decenas de personas, interactúas con ellas, algunas te conocen bien, te ven como siempre, y no es verdad.

Es como el sueño ese, en el qué quieres gritar y no te sale la voz. Es un grito hacia dentro, onírico, pero lo sientes muy conscientemente. La angustia, sí. No hace falta consultar acerca del significado del sueño, notas la impotencia, la disconformidad, la maldita sensación de no poder con ello, de no ser capaz de tragártelo.

Y el reproche. Continuo. El martilleo constante durante demasiado tiempo, cuando vas a comprar al súper, cruzando la calle, mirando el smart, cambiándote de ropa. Todo está impregnado de ese grito sordo.

Para qué vas a quejarte, de qué. ¿De ser idiota? No, gracias. Porqué eso es lo peor de todo, la sensación permanente de ser muy gilipollas. Y a pesar de semejante vapuleo introspectivo cotidiano, inclasificable y anónimo, sigues a lo tuyo.

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Cuando salgo de guardia, se me agolpan las ocurrencias, entro en un estado de vigilia en el que visualizo ciertas cuestiones, que van variando según corren las semanas. En ese estado indefinido entre “estoy todavía despierta” y “creo que me tomo otro café, que está muy rico”, realizo un repasito monumental de asuntos, en apariencia, inconexos entre sí, que me procuran largas horas de debate interno sin dramas. Me pongo creativa, creo.

Si acontece que el sueño me esquiva, recurro a la inducción del mismo, a saber, suele funcionarme poner “Sálvame”, ejerce un efecto balsámico sobre mi ebullición límbica, presumo. El caos televisivo peculiar de las sobremesas revierte el proceso y atempera mí deseo de seguir explorando mentalmente. En otras ocasiones busco programas en los que reforman casas y las ponen monísimas, aunque no viviría en ellas.

Al día siguiente, tras un descanso reparador, a fe, salgo a dar un paseo por el barrio a horas tempranas, poco frecuentado, mirando por dónde pongo los pies ya que las brigadas de limpieza campan a sus anchas por las antiguas calles enlosadas.

Mientras evito los charquitos, no puedo evitar resumir la jornada precedente, saliente de guardia, y concluyo que lo qué experimento es lo más parecido a parar el tiempo, o al menos a doblegarlo a mi antojo. Amazing, isn’t it?…

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De acuerdo, mi idiotez está por fin asumida, había que hacerlo.

“El imperativo de enterarse”, es que no cabe mayor acierto en definir este valle de conexiones.

No digas que fue un sueño.

 

Vulnerables conectados

En un mundo gobernado por las conexiones, de diferente naturaleza e intensidad, la conexión humana más íntima es entrar en contacto con la vulnerabilidad del otro.

La mayor intimidad que puedes establecer con otra persona es ver su vulnerabilidad. Hay quién cree que se trata de las debilidades que todos tenemos, o de los miedos, que también son habituales, o de las inseguridades, y así.

La vulnerabilidad de cada uno forma parte intrínseca de lo qué somos. Nos define mejor de lo que nos gustaría a veces. Más que nada porqué el ser vulnerable, o parecerlo, es un handicap de toda la vida. A nadie con dos dedos de frente se le ocurre mostrar su vulnerabilidad, al contrario, hará todo lo posible por mostrarse fuerte, coherente, flexible, o lo que se identifique en su época con la dureza. No está el horno para bollos.

Hay que ser duro, potente, versátil, empático, productivo, talentoso, hasta sensible. Pero de ser vulnerable, ni hablar.

Ser vulnerable es estar vivo. Mientras vivimos lo somos. De hecho, siguiendo esa vía, el ser invulnerable supone o ser de una especie superior – desconocida, mitológica, una deidad – o directamente estar muerto.

Tiene que ver con la contradicción, aspecto también bastante humano. Somos contradictorios, quizás sea un rasgo bastante singular para una especie en el planeta, quizás los orangutanes también lo son, o las ballenas, pero así de entrada no lo parecen, llevan otro ritmo más natural ( aunque adaptándose a nuestras contradicciones ). En eso las IA no nos podrán emular, no tendría sentido que lo fueran.

De hecho, puestos a elucubrar, la vulnerabilidad podría ser un mecanismo ancestral de la especie para recordar nuestros orígenes, y en especial, nuestro destino mortal. La hibris (hybrys), orgullo desmesurado, enfrentada a la herida (vulnus). El poder ser heridos.

El poder sobrevuela la entrada desde el principio, sin nombrarlo. Pero ahora la deriva del discurrir lo ha interceptado, habrá que enfocarlo un poco, que le va el protagonismo.

Las conexiones. Por mucho que me fascine la teoría de redes, I’m not an expert, sin embargo lo de los nodos es asequible a este nivel de registro. Un nodo fuerte aquí podría definirse como aquél que en una red determinada tenga un gran número de conexiones, pero que además cumplan la condición de ser fuertes. De no ser así, la suma de todas esas conexiones lo harían estar muy conectado con otros nodos, que a su vez pueden también estarlo, pero su influencia sería relativa. Como se suele decir, interesa la calidad, la intensidad de esa conexión es fundamental.

No hay nada más intenso que entrar en contacto con la vulnerabilidad de otro/s. Para quién no necesita apoderarse de la interacción, hacerlo es fuente de una conexión personal única, que aporta la visión de ambos, compartiendo de manera profunda la esencia de la especie. En realidad el proceso es el mismo, lo qué cambia es la intencionalidad. Hay quién quiere conocer por el placer de hacerlo, hay quién además busca su propio beneficio. No es reprobable, es algo muy humano. Pero es necesario comprenderlo, verlo.

Tarde o temprano las conexiones se debilitan, a veces porqué preferimos no mostrar las vulnerabilidades. En ese caso, advertir que por mucho que nos empeñemos, somos lo que somos, hay que vivir con ello. Es un alivio. O no.

 

 

Amigo Félix

http://rtve.es/v/815063

La amistad entre la “nutria gigante orinoca-venezolana y el castellano viejo” es absolutamente irresistible. El añorado naturalista adopta a la cría de nutria gigante tras conocerla en su periplo venezolano, donde había sido criada en el sentido estricto por una familia de la zona, puesto que la amamantó una india. Como el futuro de la pequeña nutria gigante, Teo, pasaba por ser liquidada para vender con posterioridad su piel, Félix interviene, llevándosela consigo a su siguiente destino, los mares de coral.

Ver a ambos buceando, siempre juntos, disfrutando de la vida marina en libertad, el juego como lenguaje en ese diálogo entre especies, es una experiencia como teleespectadora única, imborrable.

Una nutria de río nadando sin descanso por las aguas saladas, acompañando al hombre. Dos criaturas excepcionales. Teo, con nombre masculino, Waika, como los indios libres del río, re-nombrada por su amigo humano, Félix, persona, empeñado en hacerla conocer mundo, jugando, gozando del entorno. Qué placer. No todo era idílico en el gran programa “El hombre y la tierra”, de hecho las cosas acababan mal para los invitados en muchas ocasiones. En este caso no, como hace notar el médico de formación.

El naturalista auto-didacta era un enorme comunicador, cómo sigue llegando lo que contaba hace cuarenta años…Esa forma de narrar, creo que ha creado escuela, empleando un registro propio de un profesor de los buenos, pedagógico, con un castellano impecable, divulgando quizás por primera vez en la tele la ciencia natural, empático hasta lo inverosímil – conectaba con una nutria y otras especies, en especial la suya -, con ese hincapié suave en su entonación, tan característico, del que sabe de lo qué habla y lo ama a su vez. Esa pasión por el entorno, por la vida natural, es un regalo que supo transmitir a varias generaciones.

Félix me gustaba porqué siempre contaba lo que había sucedido, sin recurrir a la grandilocuencia, algo vehemente, sin dramas, pero sin ocultar la preocupación por el deterioro ambiental, incluso la tristeza. Y eso sentía una viendo a ese equipo estupendo recorriendo el mundo, que las maravillas que nos mostraba eran delicadas, que requerían protección, y así nos concienciaba sobre nuestra responsabilidad en la conservación del entorno. No pontificaba, no reprendía, explicaba mientras lo vivía. Una suerte de periodismo de investigación. El reportero privilegiado por su curiosidad y compromiso. Alguien irrepetible.

No sé qué diría ahora. Teniendo en cuenta que por aquel entonces ya alertaba de los peligros de la acción del hombre, es que recuerdo bien cómo ponía un énfasis al hablar de ello entre doliente y reivindicativo, tan efectivo, y viendo cómo va la cosa, ójala hubiera seguido entre nosotros, por todo, aunque no creo que le pudiera resultar sencillo entender la osadía de no respetar al planeta.

La diferencia fundamental que veo entre los tiempos en los qué Félix Rodríguez de la Fuente desarrollaba su pasión divulgadora y lo qué ha venido después, es que no se puede comparar la cantidad de conocimiento, de datos, directamente relacionados con los efectos de la actividad humana sobre el medio ambiente de los que disponemos desde hace años, con lo que en su época sólo podían intuir a esta escala.

Además hemos visto mil vertidos tóxicos, masacres humanas y también animales, deforestaciones de tamaño de países, extinciones de mamíferos y otros, tanto, demasiado.

No sé, igual hoy me he acordado de estas imágenes de juego entre un gran hombre y una nutria afortunada porqué, de alguna forma, quiero creer que los que vienen detrás tendrán la oportunidad de emocionarse jugando libremente en un entorno natural, y no sólo tener que recurrir a los antiguos vídeos para conocer lo qué una vez fue este frágil y bello planeta.

Me ha quedado una entrada bienintencionada, puede ser. Cada una elige en definitiva, con eso me quedo de la monumental obra de Félix Rodríguez de la Fuente, puedes comprometerte y actuar, en la medida de lo qué está en tus manos. Por bien del conjunto. El cuidado entendido en toda su amplitud.

*Félix Rodríguez de la Fuente (14 de marzo de 1928, 14 de marzo de 1980).

https://es.wikipedia.org/wiki/F%C3%A9lix_Rodr%C3%ADguez_de_la_Fuente

Nepotismo, tocata y fuga

 

A estas alturas todos estamos familiarizados con la fórmula “retención del talento”, en las organizaciones. Suena bien. Quién puede prescindir del talento. Quizás se podría objetar que antes de hablar de talento habría que definirlo, para ver si vale la pena retenerlo. Más adelante habría que plantearse qué significa retener.

Elucidar qué talento conviene retener en una organización no parece moco de pavo.

El contexto lo es todo. Lo dice el personaje de Scott Glenn ( enorme ) en The leftovers a su hijo. Otras también lo pensamos.

Pongamos que la organización es sanitaria, y que por tanto el talento a retener sea el de los profesionales que trabajan en un contexto determinado, dentro de ella. Para simplificar, puede tratarse de un servicio asistencial, aunque hay otros.

Una vez situados, habrá que recurrir al marco normativo donde venga reflejado el desarrollo de las actividades de tales profesionales. El convenio, el estatuto, y demás como marco legal. Como sabemos, no es el único. Si me permiten la analogía con las fuentes del derecho, apostaría por lo consuetudinario en las organizaciones sanitarias como fuerza motriz de las decisiones en este caso. Precipitado, irreflexivo, juicio espurio. Bueno, como decía el contexto lo es todo.

Pero introduzcamos más conceptos. Haré caso de los expertos que respeto, al menos hasta ahora, e introduzco un nuevo concepto, estrechamente relacionado con lo expuesto, el valor. Lo qué aporta valor, para ser más precisa.

Pues si aporta valor, nos lo quedamos, ¿no? De nuevo tocaría definir. Por supuesto. porqué cualquier gestor/a en nuestras instituciones sanitarias, públicas, para más señas, necesariamente debe seguir un auténtico algoritmo a la hora de decidir. Si se trata de retener el talento que aporta valor, basándose en qué criterio debemos esperar que se produzca la “elección”.

Cargos de libre designación, con convocatoria. Pero y el resto de nombramientos que no aparecen consignados en el boletín…

El nepotismo es una forma de corrupción. Aunque siempre se podrá argüir que no son primos ni sobrinos. Es que me da igual, oiga.

Ya sabemos que esto no es una meritocracia. Ni una competición por aptitudes ni actitudes. Ni tan siquiera por el grado de compromiso con lo que una hace, por su profesionalidad o implicación.

Es notorio que algunas decisiones tocantes al personal se toman porqué sí, porque a mí me lo parece. Pues bien, a mí nadie me ha levantado ningún puesto, porqué en mí trabajo considero que no poseo nada. Pero han hecho algo mucho peor, que me hace dudar de todo. Si favorecen a unos por ser afines, no sólo están premiando a los próximos porqué les conviene, están penalizando a los que sólo intentan hacer su trabajo creyendo que su esfuerzo tiene sentido.

No me sirve la vocación, ni el privilegio de estar.

Un profesional demuestra lo qué vale cada día, a cada momento. No es un trabajo fácil. Nadie te obliga a hacerlo. Pero esto último no está del todo claro. Como profesional no puedo pasar por alto lo qué está bien para el paciente. Pero tampoco como trabajadora.

Creo en la sanidad pública. No me pidan que pase por alto decisiones que sólo persiguen perpetuar una determinada manera de hacer las cosas. A mí no me interesa el estatus. Me motiva el seguir prestando cuidados de calidad a los ciudadanos que los requieran.

Si tengo que dar un motivo para esta entrada, lo hago. Soy enfermera, llevo el suficiente tiempo en el negocio para darme cuenta de según qué cosas, y no estoy de acuerdo.

Creo que la sanidad pública como la hemos conocido tiene los días contados. No se habla con claridad del tema, pero es evidente.

Como tengo la suerte, o la desgracia, de tener vocaciones múltiples, puede que en un futuro no muy lejano me dedique a otras cosas. Sin dramas. Pero seguiré siendo candidata a pasar por una cama de hospital en algún momento.

Me gustaría pensar que cuando eso suceda, la enfermera que me atienda lo haga con el mayor grado de profesionalidad, de compromiso con el paciente y su profesión, y sobre todo, porqué vale mucho.

Si tienen que cambiar el sistema, háganlo. Dejen de marear la perdiz con bolsas vetustas. Hablen claro y apuesten por lo bueno, de una vez. Den la oportunidad a quién se la merece y que lo demuestre. A todos los niveles.

Ser enfermera es algo más que cumplir con tu trabajo. Es no agachar la cabeza ante las injusticias, sean del tipo que sean. Ante todo personas, ciudadanas.

Transparencia en todos los procesos de selección de personal, igualdad de oportunidades, de acceso. No es por la enfermera x, es por el sistema, por nuestra salud.