Historias

 Enfermeras por el clima

 

Publicado originalmente en #FanzinEnfermería, junio 2019

Cada viernes desde hace unos meses, Greta, – @GretaThunberg – al principio sola y ahora acompañada por miles de jóvenes estudiantes como ella, no va a clase y se manifiesta a cambio en cualquier lugar del mundo, tras la pancarta con los lemas #FridaysForFuture o #ClimateStrike entre otros, que se han hecho virales en RR.SS.; en una suerte de binomio activista cibernético y presencial bastante potente. 

Hasta llegar aquí, ha habido, (hay) grandes defensores del medio ambiente, responsables de haber creado conciencia sobre la necesidad de protegerlo. Como la germana ecofeminista Petra Kelly, quien fundó el primer partido verde del mundo. Treinta años después, los verdes han conseguido sus mejores resultados en una elecciones europeas, obteniendo el 4º lugar en cuanto a escaños en Estrasburgo.  O en España el añorado Félix Rodríguez de la Fuente, gran comunicador, artífice del cambio de mentalidad de varias generaciones de ciudadanos hacia el entorno y sus moradores. Y miles de anónimos y valientes defensores.

El logro de la menuda estudiante sueca, que ha sido invitada como voz autorizada a eventos muy diversos en instituciones y organismos internacionales, -como en el Parlamento Europeo hace poco, u ocupando portadas en publicaciones internacionales como Time-, ha sido contar al mundo, apelando al futuro que les espera a las generaciones venideras, la importancia de tomar medidas ahora, sin demora, para contrarrestar los efectos del cambio climático y tratar de ponerles freno. En juego el futuro del planeta y en consecuencia la supervivencia de la especie.

Vivimos en la era de los datos. En el caso que nos ocupa, hace años que se recogen datos que invariablemente dibujan una realidad ya insoslayable. Cabría preguntarse, nosotras lo hacemos, por qué no se han tenido en cuenta de una forma inequívoca, tanto como su naturaleza. De hecho, tras haber sido sistemáticamente ignorados, habría que hablar en rigor, según los científicos, de emergencia climática, catástrofe o colapso. 

La comunidad científica trabaja intensamente en la generación de nuevos conocimientos y en la lucha contra la desinformación sobre los efectos del cambio climático en la salud, sobre los factores que aumentan la vulnerabilidad y sobre la efectividad de las estrategias de adaptación y mitigación.

El panorama al que asistimos en nuestra casa, la única que ha conocido la humanidad, que le ha permitido progresar de una forma tan espectacular, nuestro hogar y de nuestros ancestros, el planeta azul, lo que presenciamos en tiempo real, es la degradación del medio ambiente, de la flora y de la fauna, que ven reducida su diversidad de forma galopante. 

Los principales diarios del mundo abren edición tratando abiertamente de emergencia climática. La situación de nuestro hábitat es tan evidente y a la vez se hace tan poco por remediarlo, que el fenómeno de activismo sin precedentes que estamos viviendo es un fiel reflejo de su magnitud. Por primera vez quizás en la historia muchos grupos distintos convergen hacia un único movimiento global de llamada a la acción a los gobiernos.

Como enfermeras, leemos con preocupación lo expuesto. También observamos nuestro entorno, vemos como se ha deteriorado en algunos casos, incluyendo el clima, caótico. Nos preguntamos acerca de los efectos negativos sobre la salud de las personas, en un temido paralelismo con los animales y las plantas. Tenemos que ser conscientes de que las condiciones actuales y sobre todo futuras, van a requerir de una adaptación generalizada, también en salud. Algunas de las amenazas son las altas temperaturas, la contaminación en todas sus formas, especialmente aérea, pero también las enfermedades endémicas de zonas remotas que por efecto del cambio climático aparecen en cualquier lugar, entre otras. 

Necesitamos una evaluación objetiva y transparente de la base de evidencia. Las medidas de política requeridas traerán beneficios a la salud ahora y para las generaciones futuras, independientemente de la medida de la contribución del cambio climático en la combinación de factores de riesgo. Los efectos del cambio climático tienen consecuencias tangibles para Europa, y la UE tiene roles y responsabilidades que pueden ayudar a resolver problemas en el resto del mundo.

No podemos seguir ignorando lo que tenemos encima, sería una irresponsabilidad, urge voluntad política, las soluciones están al alcance de nuestras manos. Y también nuestra respuesta debe ir en la dirección de otros grupos y colectivos, pasando a la acción. Creemos que como enfermeras podemos hacer las cosas de otra manera, también en lo que respecta al cuidado en su dimensión ampliada. Buscamos comprometernos con pequeños gestos de entrada para poder seguir avanzando posteriormente. 

Al igual que los estudiantes, las madres, los científicos…queremos significarnos como colectivo en permanente contacto con personas y sus hábitos, seamos #enfermerasxelclima.

@IsabelPrez10 & @susanllero

20 propuestas enfermeras para 2020 

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Publicado originalmente en Fanzine Nuestra Enfermería, enero 2020

#enfermeras2020

Nos da la sensación de que el tiempo pasa muy rápido; siempre liados con nuestros turnos, obligaciones familiares, asuntos personales varios…Y la redacción bimensual de nuestro escrito en el #Fanzine, que nos mantiene con la antena puesta y rumiando hasta que lanzamos nuestra propuesta. Nos gusta creer que tratamos los temas de forma abierta, para recibir comentarios e idealmente establecer un debate acerca de ellos. 

En esta ocasión y aprovechando la cercanía del fin de año, y de década, nos mueve ese espíritu colaborativo al meternos a fondo en uno de los must más habituales de estas fechas: la confección de listas, rankings y demás top. No pensamos resistir la tentación de confeccionar nuestro propio listado y por eso caemos en ella.

 

  • Enfermeras 2020

 

La primera propuesta estaba cantada, en efecto, el año 2020 ha sido proclamado por la Organización Mundial de la Salud como el “Año de las enfermeras y matronas”, coincidiendo con el bicentenario del nacimiento de la considerada fundadora de la enfermería moderna, Florence Nightingale. Para articular la conmemoración, se ha constituido una iniciativa a nivel mundial #NursingNow, con numerosos grupos locales en los diferentes países. Las expectativas acerca del alcance de la campaña son altas y no exentas de controversia. Será la ocasión de ver si somos capaces de ofrecer una imagen profesional común a nivel internacional. Teniendo en cuenta el contexto de desarrollo de la asistencia sanitaria y acceso a la misma que persigue la proclamación de la OMS.

  • Transparencia colegial

En segundo lugar destacamos la transparencia colegial, ya que como colectivo no podemos permitirnos instituciones que nos representen sin atender a los criterios exigibles a cualquier organismo democrático en el siglo XXI. Mientras haya una mayoría de colegios que no convoquen elecciones de forma que la mayor parte de sus colegiados puedan acudir, o no, a votar a diferentes candidaturas, no podremos desarrollar en condiciones nuestra profesionalidad. 

  • Precariedad laboral

La tercera propuesta no se podía hacer esperar, en esta lista de algo más que deseos. En efecto, las condiciones laborales de muchas profesionales son precarias, lo que supone  inseguridad como estado profesional, que no puede garantizar la calidad de su desempeño. Y eso no lo decimos aquí, es público y notorio. Además es una situación injusta, que atenta contra los derechos de los trabajadores, produciendo un desequilibrio entre plantillas difícil de asimilar. La solución no es fácil, pues debe aunar el esfuerzo de muchos, pero está claro que sin el compromiso individual no puede prosperar. 

  • Gestión humana

Las enfermeras somos humanas, personas que cuidan de personas y necesitamos que nuestros gestores se esfuercen en mantener y cuidar nuestro sistema sanitario público. A lo largo de nuestra vida laboral son muchas las horas invertidas en nuestro trabajo, muchas las historias de vida que pasan por nuestro camino y nos muestran las deficiencias subsanables del sistema que con un poco de esfuerzo y alfabetización podríamos mejorar tanto en la población como en los equipos. Pedimos al 2020 fuerza para continuar en el empeño de la mejora continua por y para nuestros pacientes, olvidando egos y ombligos con un sustento de apoyo firme articulado por la escucha activa y la inmersión real en la trinchera, porque para gestionar para todos se debe pisar tierra y realidad.

  • Entre Pinto y Valdemoro

La profesión enfermera ha evolucionado mucho en los últimos años, tanto que nos parece absurdo continuar siendo “chicas para todo”. Por este motivo, aunque nuestra polivalencia tal vez sea una de nuestras fortalezas, le pedimos a 2020 un cambio real en la profesión que permita desarrollar nuestro trabajo de manera segura, especializada y dirigida a ofrecer cuidados excelentes. 

  • I+D+i Enfermero

Son muchas las enfermeras que quieren investigar, porque sabemos que la evidencia científica es el camino que muestra la buena dirección para obtener los mejores resultados y así aplicarlos a los cuidados de nuestros pacientes. Las barreras que encontramos son muchas, por eso le pedimos a 2020 que facilite el acceso a las enfermeras que quieren mejorar los cuidados basándose en la evidencia y para ello proponemos una apertura de puertas y ventanas en centros de trabajo, universidades, institutos de investigación y sociedades científicas que permitan flujos de información veraz, generando grupos de trabajo que exploten sus altas capacidades de manera transparente para impulsar e implementar un cambio necesario.

  • Sororidad enfermera

Sólo entre iguales tiene sentido avanzar. Algo tan elemental, en nuestra profesión supone todo un punto de rotura, puesto que existen diferencias bien palpables entre profesionales, probablemente heredadas de una determinada cultura corporativa o tradición basada en la jerarquía, así como las diferencias respecto a la filiación con la empresa. En todo caso, la violencia horizontal debe de ser erradicada de una vez por todas, porque supone un lastre, por injusta y por rancia. Apoyémonos las unas a las otras por fin.

  • Espíritu enfermero

Vocación de cuidar, querer ser enfermera, ese sentimiento profundo que para algunos nace de muy adentro convirtiéndose en una manera de vivir, de escuchar, la intención de cuidar. El espíritu enfermero se conforma por “el ser” y “el estar”, que se desarrolla con la acción que va acumulando en la mochila experiencias, acompañado siempre por la mirada enfermera que desde la utopía, ansía lograr el equilibrio complejo de la justicia social, deseando un reparto equitativo y justo para lograr un mundo más sano. En 2020 queremos contagiar el espíritu enfermero de cuidar de manera íntegra y global atendiendo al medio y al entorno, enfocados en la mejora con las familias y pacientes siguiendo nuestro plan (que abarca desde el nacimiento hasta la muerte), con el convencimiento de que otra forma más interconectada, eficiente y eficaz es posible con una correcta alfabetización en salud. Por eso nuestra propuesta es seguir cultivando y ampliando las redes de personas, de conocimiento y de profesionales que ya están vivas y no paran de crecer.

  • Política a todos los niveles 

Queremos que las enfermeras estén en todas las mesas donde se tomen decisiones sobre salud y sanidad, porque sabemos lo que afecta a nuestra población. Nosotras les acompañamos, cuidamos y curamos en todo el ciclo vital. Por este motivo en 2020 trabajemos para articular los cuidados con una gestión integral dentro del continuo asistencial. Demos ese paso y alcemos la voz cada vez que nos corresponda, o vayamos a sentarnos con nuestra propia silla allá donde haga falta. Esta propuesta está relacionada con toda la política, todas las políticas y la gestión de todos los equipos, unidades, establecimientos y servicios de salud desde el liderazgo formal e informal con la responsabilidad individual profesional de las enfermeras que ya tienen claro que no desean dar ni un paso atrás. 

  • Cuidado global

Lograr la continuidad en los cuidados sigue siendo para las enfermeras una dura tarea, por la rigidez institucional que muchas veces no permite implantar caminos ligeros de conexión que faciliten el trabajo diario, aunque se crean nuevos roles, no logramos integrar el trabajo multidisciplinar en los diferentes niveles asistenciales con el único objetivo: “cuidar a nuestros pacientes de manera integral”; cuidar globalmente al paciente, al entorno y protegiendo el medio, porque entendemos que es responsabilidad de todos cuidar el planeta. Creemos que debemos  apoyar cualquier causa que defienda la protección de nuestro entorno físico y químico, la seguridad de nuestros ambientes psicosociales y el bienestar o la salud de nuestras relaciones personales y redes sociofamiliares.

  • Enfermeras actuales 

Lo que nos define como profesión es la visión que tenemos de nuestro pasado y lo que hacemos en el presente mirando hacia el futuro. Las enfermeras de ahora son las que cada día están elaborando nuestra historia y sobre las que hablaremos en el futuro. Deberíamos tener en cuenta hacia dónde vamos o hacia dónde queremos que vayan los cuidados, porque eso nos dará un sentido de responsabilidad individual, de pertenencia colectiva y de pertinencia para el trabajo que hacemos cada día. Una perspectiva coherente nos enraizará bien en el aquí y ahora cotidiano, para disfrutar de nuestro momento y lugar mientras mantenemos una conciencia global de lo que somos y hacia dónde avanzamos. 

  • Defensa sindical

Enfermeras de profesión necesitamos un sindicato que represente y reconozca el trabajo realizado. Por eso le pedimos a 2020 que nos traiga un sindicato que vea y entienda nuestro trabajo desde la trinchera, que defienda nuestros intereses, que nos proteja en nuestro puesto de trabajo y obligue al cumplimiento de la ley de prevención de riesgos laborales, que se ocupen de que no estemos expuestos a citotóxicos sin epis, que tengamos medios para uso y desecho no solo la trazabilidad en lo referente a medicamentos peligrosos, que nos protejan en el embarazo, en la lactancia, que valoren nuestra profesión, nuestras funciones y nuestro trabajo, que tengan capacidad de sonrojo ante los que ni ven, ni oyen ni entienden, porque para saber se tiene que estar y para que nos valoren, nosotras mismas debemos mostrarnos. Con transparencia, con las enfermeras y por las enfermeras que cuidan y necesitan ser cuidadas, nos queda mucho por hacer.

  • Id_enfermera

A lo largo de nuestra historia como profesión, -que por cierto debemos conocer para aprender de nuestros aciertos y errores- a nivel de país, hemos tenido la oportunidad de definirnos a pesar, o a causa de nuestra evolución, principalmente motivada por los cambios en los planes de estudio y el paso fundamental de oficio a profesión. A estas alturas algunos nos seguimos preguntando si ya somos por completo lo que queremos ser, o todavía andamos diletantes entre lo que se espera de nosotros y lo que nos dejan ser. Creemos que como colectivo profesional, nos compete en exclusiva formalizar una hoja de ruta consensuada entre todos los integrantes interesados que nos lleve a alcanzar una identidad enfermera. Para lograrlo, apostamos por el debate y la reflexión previo para posteriormente unificar criterios. Pretendemos que los representantes en los distintos estamentos defiendan y reivindiquen lo que las enfermeras decidan, y sólo eso.

  • Contracultura Enfermera 

 El aspecto sociocultural del cuidado con diferentes enfoques, a veces anclados en el “siempre se ha hecho así”, despertó las inquietudes enfermeras en búsqueda de la mejor evidencia y género una contracultura enfermera que reivindica la necesidad de cambios reales, palpables y estratégicos, enfermeras que crean redes a través de inicios apasionados, que prenden mecha generando preguntas, compartiendo conocimientos y experiencias de vida enfermera, como sucede en el fanzine @NEnfermera, donde surge la magia de la ilusión y el empuje, que genera trabajos colaborativos en busca de mejoras y en la libertad y el respeto se habla alto y claro para visibilizar el mundo enfermero desde la realidad y el compromiso.

  • Agitar las redes

Nuestra dimensión social está formada por las conexiones y redes de relaciones que ocurren en distintas dimensiones de nuestra existencia Esas que las enfermeras tejemos entre nosotras y con otros profesionales sanitarios, pero también con otros sectores y otras personas que comparten inquietudes, sufrimiento, experiencias y conocimiento sobre sus propios procesos de salud o enfermedad. Agitando las redes formales e informales pretendemos catalizar aquellas conexiones que fomenten la cultura salubrista y el conocimiento enfermero como pilares para el bien común. 

  • Mirada enfermera

La mirada enfermera como paradigma de salud. Porque es mirada de artista, científica, humanista, filósofa, aventurera, provocadora… desde el prisma sesgado del profesional de enfermería que condiciona el cristal de nuestras gafas y es gracias a ello por lo que somos capaces de innovar con ideas facilitadoras para los cuidados, que ansiamos integrar en el continuo asistencial aplicándolo a la vida cotidiana para evitar reingresos, reagudizaciones y ayudar a las familias en el mantenimiento del equilibrio con fragilidad. Pretendemos que en 2020 esa mirada liderada por enfermeras tome protagonismo para articular cambios necesarios y urgentes en el sistema.

  • Liderazgo enfermero 

 En busca del faro que nos oriente y guíe en la compleja misión de conseguir un liderazgo profesional, con formación especializada que no dependa de puestos a dedo, transparente e integrado, que escuche a las enfermeras y las permita trabajar, que despeje los muchos frentes abiertos que sólo aportan ruido y caos, para centrarse en la organización, el orden, las personas y los objetivos apoyados en la evidencia científica, que conduzcan a mejorar para dar unos cuidados de calidad. Sin egos y enfocados en el objetivo de mejora. Que cada pieza desarrolle su trabajo permitiendo montar el puzzle, que sea palanca de cambio para dentro de los equipos con líderes formales e informales, crear redes de trabajo y excelencia para los trabajadores, para los pacientes y familiares logrando así un entorno seguro de trabajo reforzado por la actualización constante y un protagonismo real de pacientes y familiares gracias a la educación para la salud.

  • Orgullo de cuidar 

Son muchas las enfermeras que decidieron por vocación estudiar enfermería, otras se embarcaron en la carrera por otras motivaciones, pero lo que casi todas acaban afirmando es que cuidar a los demás es maravilloso porque siempre recibes más de lo que das. Entender y respetar el orgullo de cuidar no va de propuestas, va de escucha, de empatía de mucha carga emocional que en ocasiones se omite generando grandes vacíos y silencios interprofesionales que desgastan equipos. Son tantos los momentos que nuestra profesión nos regala en abrazos, caricias y agradecimientos que no es fácil describirlo. Nuestra profesión es dura, por la carga emocional, duele por los desenlaces trágicos y desde luego no está pagada con dinero, pero para las enfermeras es un orgullo cuidar y deseamos que en este 2020 se reconozca de verdad la labor histórica y actual de las  enfermeras que han ocupado un espacio junto a los enfermos, necesitados y vulnerables siempre.

  • Manos y cabeza

Las enfermeras somos casi la mitad del personal sanitario de todo el mundo. Solemos hablar de nuestro trabajo como mano de obra y ya va siendo hora de asumir que también somos cabeza de la obra. Nuestro protagonismo no necesita reconocimiento externo, sino autoreconocimiento y liderazgo desde las propias enfermeras. Solamente así será posible mejorar nuestro compromiso de participación asistencial, gestora, académica, investigadora, social y cultural, así como nuestra gran responsabilidad colectiva.

  • Autocuidado transformador

La relevancia internacional de los problemas de salud es, precisamente, planetaria. Y nuestros cuidados enfermeros, como decimos, están en constante interacción con el mundo que nos rodea. Por eso, considerando que somos una red de sistemas abiertos interconectados, el autocuidado adquiere la importancia de una herramienta transformadora que trasciende la propia salud. Al expandir nuestra propia conciencia como enfermeras individuales locales y como colectivo profesional general, estaremos contribuyendo de manera directa a nuestro objetivo de servir y promocionar la salud global.

Escrito entre @IsabelPrez10, @antonReina y @susanllero 

Cara B

Una guarda sus discos de vinilo como lo que son, círculos concéntricos de recuerdos. Los de mi generación somos unos raros porque, entre otras cosas, hemos escuchado música, que es algo consustancial a cualquier vida humana que se precie, en tantos formatos y en otros cuantos dispositivos ad hoc respectivos, que cualquiera podría montar un museo con cada fondo de altillo. A saber, vinilos, cassettes, cd, etc.

Pero vuelvo a los vinilos. A pesar de la peculiaridad de sus cuidados, o quizás a consecuencia de ellos, poner un disco era todo un ritual. A ojos de una nena, elegir el momento, el acompañamiento musical, era un acto de autonomía interesante. De elección personal, buscando la intimidad en ciernes que entonces se intuía pero que no podía calibrar todavía; quedaba darle sentido a lo que oía.

Lo mejor de los discos de vinilo era que tenían, tienen, dos caras. Como tantas cosas en la vida. Era curioso como durante muchos años las canciones más potentes comercialmente se ponían en la cara A, pero en la cara B siempre había material del bueno, más complicado de sacar, quizás, las “rarezas”. La cuestión era que como nos enterábamos del lanzamiento de un nuevo trabajo discográfico vía emisora de radio en bastantes ocasiones, primero “pinchaban” los números 1 o con más posibilidades, a efectos prácticos, los que estaban en la cara A; pero para escuchar la cara B había que hacer un ejercicio de voluntad, una vez lo tenías en casa. Ibas de por libre.

Esa es la historia, a donde quería llegar. La cara B puede que fuera relleno en algunos casos, pero en general era repertorio especial. Seguía siendo el grupo o solista aunque no lo relacionaras de entrada porque no había sonado. Cuando uno es capaz de asimilar que “las cosas” son tanto lo que se ve o acepta como lo que no está a mano pero existe, pongamos que el panorama se amplía. Y eso a algunos, nos gusta.


 

El bajo callejero que toca al lado de la tiendecita francesa, con una sonrisa permanente en la boca, enchufado a su amplificador, hoy toca a Led Zeppelin, cuando me acerco protegiéndome del Cierzo. Toca bien. La música que reconozco, que forma parte de mi educación personal, ejerce en ese instante un efecto de sincronía entre sus acordes y mis pasos, también mi ritmo interno. A mí la buena música, bien interpretada, me traspasa. Me acompasa y no me importa reconocerlo. Le echo unas monedas, siempre con vergüenza, siempre con convencimiento. Tiene que seguir sonando la música en la calle.

Ese músico me hace pensar en lo breve que es todo, en la memoria presente a veces a cada paso, que indica que ya vas peinando canas. Y también me sugiere que tanto él como otras cosas que he conocido les queda poco recorrido, porqué los tiempos han cambiado mucho. Lo curioso de todo esto es que una va caminando por la vida y sigue reconociendo a veces ciertos sonidos, que van clavados a recuerdos que quizás también estén en riesgo de desaparecer.

Me ha salido una cara B un poco melancólica, puede que sea fruto de haber superado un año más la fiestas navideñas, que tan poco celebramos algunos aunque nos influyan paradójicamente. O a lo mejor es la propia cara B, que contempla los “fogonazos” y les da la réplica. Buen año.

 

Fogonazos

 

He vuelto. Por si definitivamente tenía algo que contar, que compartir, tras meses de silencio no buscado, e inactividad en esta url. Admito que he esperado lo suficiente como para poder elegir la prolongación de la nada, aunque preferiría decir del no hacer, antes de regresar a la blancura mate de la pantalla en el blog y teclear para publicar.

Durante estos meses lejos del editor me he planteado si esta aventura tenía sentido, como si alguien o algo me obligara no ya tan siquiera a redactar algo aquí o en redes, sino a abrir la boca para opinar en la cola del súper, en el box de triaje, en la reunión de vecinas.

Suelo andar o ir en bici de casa al trabajo y viceversa. O eso, o ver incrementar mi riesgo individual de eventos cardio-vasculares. Cuando me dirijo al hospital hay una mayor probabilidad de que se me ocurran cosas, lo cual no significa absolutamente nada, o puede que sí. Un día por ejemplo, apareció una pregunta en mí ir y venir: “¿Con qué parte del cerebro escribo?”, leída con un tono entre exclamativo, cabreado y de profunda sorpresa. Sigo sin saber qué responderme.

Llegó mayo, volví de nuevo a Barcelona, para asistir a una representación teatral en el Mercat de les flors. El camino hacia Montjuïch fue absolutamente delicioso, repasando la cuadrícula de calles de mi antiguo barrio, el primigenio. Al llegar a las inmediaciones del Teatre Lliure, rodeado de los parques y jardines frescos, cuidados, sin perder su esencia natural, que tanta falta hace al ciudadano, rememoré cómo tantos años atrás fueron mi zona de juegos.

El Lliure. La sala Fabià Puigserver. El público que ya llenaba el hall, la espectadora vestida casi de época, con un conjunto largo y pamela, altísima, que sonrió al ver imagino mi cara de curiosidad al no poder distinguir si formaba parte del elenco. Pero aquello era Medea, era Emma Vilarasau llenando el inmenso escenario. “Las Medeas”, no interpretaba a una sola mujer, sino a muchas. Lluís Pascual creo que le dio otra dimensión más global, mostrando sin embargo su crimen con tanta crudeza como delirio. Aterrizar en segunda fila con una pantalla al fondo del escenario tan grande como éste, con Freddie Mercury cantando Love of my life, bajo la lluvia “artificial” que nos salpicó durante una buena parte de la representación y empapó profusamente a la protagonista. Gran actriz, impresionante contemplar su entrega.

Al día siguiente aterricé en Viena. A mí, que soy rarita probablemente, me costó entrar, me resultó impenetrable en apariencia, porqué para cuando me dí cuenta ya formaba parte de mi callejero mental. Cuánto había tardado en ir a conocerla, reconocerla. Parece que todo haya pasado allí o haya dejado huella. Creo que influyó en mí percepción el calor sofocante a principios de mayo, que ni esperaba ni debió de gustarme.

Creo que hasta que no llegué al Leopold Museum y vi algunos cuadros de Schiele y de Klimt, también de otros, no fui capaz de entender mi visita a aquella capital tan real como mítica. La franqueza salvaje de Schiele, el detallismo preciosista de su mentor, Klimt, en lo bello y en lo oscuro. La belleza. Expresada por los dos grandes artistas vieneses para permitirme disfrutar por completo de su ciudad. Perseguir la belleza, buscarla, querer conocerla, admirarla, sentir la fuerza de su naturaleza exclusiva, esquiva, presente en cualquier rincón. Jugar a poder retenerla, sabiendo que es imposible, la atrapas, la matas. Ante la belleza, descubrirse. No me interesa la visión tradicional del imperio, no me entra. Prefiero observar la vida sin filtros, si se entiende la paradoja de tener que ver cuadros para hacerlo. Es un poco ver a través de, ya sabes.

Me crucé el país, ordenado y limpio, hasta Salzburgo, tratando de apreciar desde el tren la visión del lago del cuadro de Klimt. El agua rosa.

Mientras, en el páramo, la crecida ordinaria del Ebro y la extraordinaria, coincidieron con una temporada de lluvias absolutamente fuera de lo habitual. La humedad constante en el entorno me ha resultado difícil de asimilar, además de obligarme a pensar a dónde iba a parar el exceso de ésta, en una zona conocida por su aridez. Tras varios episodios de vientos y lluvias torrenciales cayeron árboles por toda la ciudad. Incluso vi blandirse literalmente un mástil de varias decenas de metros con la bandera autonómica, con la lógica expectación, recordándome a la numerosa población de banderas, para vestir el descontento me parece, que he visto tanto en la ciudad inmortal como en la urbe de las calles largas. Y no se las lleva el viento, no.

Lynch, vía Twin Peaks 3. No debo de haber entendido nada porqué me he reído bastante con la última temporada. Cooper y su doppelganger, así rollo némesis, o también cómo uno debe enfrentarse a veces a sí mismo y dejar asuntos atrás, tan lejos, que se hundan sin pretensiones. Sólo puede quedar uno. El ya célebre capítulo 8 me dejó boquiabierta, aullando, conmocionada. Desde Hiroshima, el mundo se ha trastocado.

Nunca sabe una si va a volver al blog a contar sus historias. Mientras, sucumbo a los fogonazos que cruzan mis días. Por eso me gusta.

 

Cuando menos es más

 

Con esta entrada, Híbridos se abre a las colaboraciones, “nómadas”. El único requisito es tener algo que contar, como en el caso de la firma que estrena la etiqueta que no es otra que Ana M. Suárez Guerra, enfermera, directora de enfermería en un Área integrada, firme defensora de la educación para la salud, musiquera y tuitera. Pero dejemos que ella sea quien nos cuente.

Curioso Twitter que te posibilita adentrarte en los pensamientos de las personas más allá de lo que haríamos en el face to face…

La cosa es que lancé un tweet de esos que te hacen incorporarte cuando te motivan, que te dilatan las pupilas, que te aumentan los ritmos y que, a pesar de todo, como otras tantas veces, crees que van a pasar sin pena ni gloria.

Pero no.

Cuestión de etiquetar, supongo.  

Estos días había leído un post de “No Gracias”, que a pesar de ser del 2016 seguía de plena actualidad: Cuando la hospitalización es peor que la muerte. Y que me hizo seguir pensando que hay que tomar conciencia de la sociedad que tenemos, de sus necesidades y sobre todo de sus prioridades, para continuar teniendo esa vida elegida a pesar de las inclemencias en salud.

Y con la música de Marlango de fondo (–> es importante escuchar mientras lees), empezó un devenir de opiniones que no sólo complementaron, sino que aseveraron lo que ya sabíamos.

Abrimos la puerta a un tema tan delicado como complicado: dónde nos gustaría morir y cómo. Y si en realidad podemos decidirlo nosotros.

¿Son los hospitales lugares de #BienMorir? ¿O sería adecuado posibilitar cada final en el entorno más amable y conocido como es nuestra propia casa?

Hay ocasiones en las que la atención clínica prestada en el entorno domiciliario, la claudicación de las cuidadoras o de la familia, y la falta de posibilidades y planes en las residencias hace más complicado el desenlace fuera del hospital.

¿Pero dónde quedan ahí los deseos de la persona? Los que ha tenido a lo largo de su vida o los que tiene en ese trance. Si desde nuestro principio de libertad de elección y del libre albedrío (para lo bueno y para lo malo), elegimos nuestro camino, lo debemos hacer también al final del trayecto.

Yo quiero que me pregunten. Seguro que tú también.

Y es que los deseos de las personas en términos del manejo de su propia (no) salud no sólo dependen de la edad y de la fragilidad, del entorno familiar y social o de la madurez del conjunto, también hay una responsabilidad de la Organización en la Alfabetización en Salud, el refuerzo de la Atención Primaria en el trabajo con determinantes sociales, con equipos multidisciplinares y con políticas potentes.

De todos modos, no sería justo señalar determinadas situaciones en las que la familia se ve obligada a acudir a un centro hospitalario para encontrar alivio como último recurso, o sabiendo que para algunas personas es su primera opción. Y teniendo claro siempre que la obstinación terapéutica no debe estar incluida en este kit de supervivencia hospitalario.

Y hablando de la necesidad de comunicarse, llegaron los ratios y la sobrecarga de los profesionales . Una cuestión imprescindible de abordar a la hora de mejorar los cuidados. Pero también llega el debate sobre la autonomía de las enfermeras en las decisiones a la hora de aplicarlos y de cómo la valoración inicial en los pacientes con un perfil frágil pueden ayudarnos a dejar de lado el cuidado más técnico, aplicar el sentido común y la ciencia y abordar otras cuestiones más humanas.

Y de la autonomía profesional a los vasos comunicantes a la hora de buscar soluciones. Y ahí llegamos a la necesidad de una intervención plural para cambiar las cosas y evitar que profesionales sanitarios y pacientes, vayamos en direcciones opuestas. Esta interesante entrada que habla sólo de las superespecialidades médicas, nos sirve de apoyo al discurso sobre la necesidad de tener una visión integral en el cuidado de las personas, y de conocer su contexto general a la hora de tomar decisiones. Un conocimiento muy, muy concreto lo puede tener cualquier buen programa, una decisión muy específica, la puede realizar un algoritmo preciso. Pero valorar cualquier factor relacionado con la integralidad y lo humano, es una virtud y una ciencia que quizás nos saque de la zona de confort. Habrá que esforzarse.

Pero es lo que nos aporta valor y lo que nos hace tomar las mejores decisiones.

El atlas de Variaciones en la Práctica  Médica del SNS, nos habla de las hospitalizaciones potencialmente evitables por condiciones que afectan a pacientes crónicos o frágiles.

Lee. Mucho que mejorar.

Cuando un paciente anciano llega a Urgencias con agudización de uno de los varios problemas de salud que puede tener, debe ser valorado de manera integral, pero además las decisiones que se tomen para decidir ingreso o no, deben ser ajustadas a esa integralidad.

¿Y cómo podríamos conseguir que se haga de manera adecuada? Al igual que en los Servicios de Urgencias se hacen valoraciones pediátricas, ¿Habría que hacer valoraciones geriátricas de manera focal? Podría ser una posibilidad…Porqué la orientación adecuada en urgencias puede ahorrarnos complicaciones de una situación que a priori puede resultar sencilla de solucionar. A propósito de una fractura de cadera (la cascada maligna).

“Sólo” hay que tomar buenas decisiones y saber que muchas veces las necesidades básicas son una prioridad .

Todos los profesionales y el conjunto de la Organización en todas sus eMes, debe asegurar respeto a lo que cada uno considera vida o salud, minimizando el daño, olvidando el paternalismo y mejorando la alteridad.

Queda camino. Pero ganas también.

Gracias, amiga, por invitarme a este café virtual. He intentado respetar la pluralidad y las opiniones. La diversidad no tiene fronteras y las ganas de cambiar las cosas aprendiendo de su riqueza, tampoco.

Es un placer estar en tu casa.

P.P.: Un placer recibir visitas en Híbridos de personas tan inquietas. Gracias, Ana.

Holmes

 

Contar es aprender a amar las preguntas, en palabras de Martín Garzo. Y si alguien ama las preguntas, ese es Sherlock Holmes. El detective hecho a sí mismo es una constante. Un personaje literario que conocimos gracias a Conan Doyle, que algo debió de poner de sí mismo, especulo.

Sherlock Holmes emplea su método, potente, casi infalible, para esclarecer los casos que se le presentan. Algunos dirían que es el método deductivo, otros consideran que es más bien inductivo-deductivo. Lo que sí es seguro es su capacidad para ver más allá de lo evidente, de lo establecido. Holmes es un privilegiado por su mente brillante, cultivada, puesta a prueba por sí mismo. Cualquiera que lea a Conan Doyle, o vea algunas de las adaptaciones a la pequeña y gran pantalla, percibe ese inquebrantable compromiso con la realidad de los hechos que analiza. Por eso nos gusta Holmes todavía, emplea el método científico arrinconando a los sesgos cognitivos, especialmente a los suyos.

Sherlock Holmes es además un tipo controvertido, contradictorio. Su falta de modestia con sus propias habilidades supone un motivo de irritación entre sus conocidos. Pocos toleran la voz auto-suficiente y descarnada del personalísimo detective. Su mejor amigo, quizás el único, el Dr. Watson, es su socio, soportando la mayor parte de los comentarios mordaces, a veces cortantes como un estilete, acerca de su falta de ingenio. Pero el médico, lejos de atormentarse por los ataques dialécticos, consigue admirar y a la vez frenar la impetuosidad de Holmes mediante una “sencilla” técnica, ver al hombre, a la persona, más allá de todo su arsenal intelectual. Un tipo listo. Con inteligencia emocional.

Una cree que algunas personas tienen muy diferenciadas sus funciones superiores, de tal modo que por una parte son brillantes, talentosas, que emplean la lógica como lenguaje interno y ven el mundo forzosamente de otra forma. Por otra parte poseen una sensibilidad extrema en cuanto a la percepción de todo lo qué les rodea, que si bien les provee de datos de todo tipo en un flujo imparable, los aísla en cierta forma al ordenarlos. El resto parece que no les interesa.

Porqué ser observador, al estilo de Holmes, es tarea inmensa. Su ventaja frente a otros es que difícilmente se involucra emocionalmente. Poder aprehender la información libremente es una vía bastante efectiva. La necesaria perspectiva para contemplar un escenario a analizar, aunque siempre cuente con intervención humana, o precisamente por ello, supone en manos del talento trabajado de Holmes crear una historia con vida propia, a partir de indicios, huellas, restos, y creo que algo de intuición.

La humanidad para el detective es algo a lo que no acaba de acostumbrarse, una imposición que debe aceptar para resolver sus misterios. Le molesta casi todo lo que hacen o dicen los demás en el sentido de verlo en general innecesario. Y previsible.

Una parte que me fascina de su intrincada personalidad es su querencia por la música, que creo que funciona como camino para liberar tanto dolor por ser único.

Las historias del detective de Baker Street 221b son un ejercicio de lógica en 3D, un recordatorio de la capacidad que poseemos para ver las cosas de otra forma, sin juzgar de ante mano, de analizar los hechos por lo qué son. De embarcarse en la exploración del mundo y de sus gentes a través del amor a las preguntas, a la curiosidad.

 

La ciudad y los días

Algo debo tener con Madrid que no me explico, porqué cada vez que llego a Atocha parece la primera. Me taquicardizo deslizándome por las cintas transportadoras. La mayor parte de las ocasiones me viene la imagen del gran Martínez Soria con las maleticas diciendo “la ciudad no es para mí”. Teniendo en cuenta que soy de Barcelona y que es una ciudad que “me pone”, podría pensar lo mismo de Madrid, que siento ese deseo, pero me parece que es otra cosa. Igual me impone.

Hace unos días volví a sentir los mismos nervios al llegar a Atocha, en un tren nocturno con bastante pasaje, por cierto. Por un descuido bastante habitual en mi caso me dirigí a “llegadas” cuando me esperaban unos estimables colegas en “salidas”. Ahí estaba en el lío de avenidas amplias habiendo dejado atrás a cuatro agentes de la nacional. Portando la maletica y con cara de “Paca”, discurriendo cómo llegar al otro extremo de la concurrida estación. De pronto un ruido proveniente de la calzada nos hizo mirar a todos los que por allí andábamos. Una moto permanecía en el suelo con su conductora tendida a su lado.

La primera intención fue cruzar por allí en medio, impresionada por aquel choque con no sé muy con qué, puesto que había pasado sola sin obstáculos a la vista. Los cuatro policías pasaron corriendo sacándome del enfrascamiento. Aquella persona yacía sin moverse sobre el asfalto frente a Atocha, atendida por los agentes y otras personas. Me encontré inmóvil frente a la escena a unos cuantos metros de esta, absurdamente paralizada, pensando como una enfermera de urgencias no estaba allí colaborando en lo que hiciera falta. Me sentía mal. Aquella persona que hacía un momento transitaba por la calle a lomos de su moto no se movía en absoluto y mientras yo hubiera tenido que contactar con mis colegas sólo podía esperar a que apareciera la ambulancia. En realidad sólo habían pasado unos minutos, y la sonrisa amable del conductor que venía a buscarme me hizo regresar al mundo real.

Aquella noche, ya en el hotel del norte-norte de Madrid, me dieron las tantas. No había juerga de por medio, al día siguiente se celebraban unas jornadas y la gente descansaba para estar fresca. Seguía en aquella escena presenciada un par de horas antes, con una extraña sensación, molesta, afligida. Definitivamente me quedé dormida considerando que aquel compendio de emociones era una memez por mí parte. Soy algo taxativa.

A la mañana siguiente amanecí temprano, antes que el sol. Tras desayunar y saludar a algunos de los asistentes a la jornada salí a la calle, algo contrariada. Lo cierto es que a la derecha tenía lo que parecía un polígono y sin mucho afán anduve por la acera para distraerme y otear el terreno. No saqué demasiada información y volví sobre mis pasos frente a la entrada del hotel, con la única compañía de una grulla graznando encaramada a una valla con un gato callejero a sus pies, interesado en algún olor. De fondo las cuatro torres. Aquello bien merecía una foto, pensé, como estímulo matutino. Sabía bien que en cuanto tuviera el smart a punto aquella grulla se habría esfumado, cosa que por supuesto sucedió así.

Finalmente me decidí a entrar en la sala donde se iba a celebrar la jornada, reconociendo inmediatamente a algunos compañeros de los que sigo por Twitter, saludando a los que ya conocía en persona. Sin acabar de librarme de aquella sensación que venía marcando mi agenda interna desde que había puesto los pies en la capital, convencí a una conocida para tomar un cortadito rápido, poniéndola en un apuro por la inminencia del arranque del evento.

La jornada fue soberbia. De no ser por mí mala costumbre de estar pendiente de los asuntos más surrealistas podría hacer una crónica en condiciones del asunto. Pero a estas alturas si alguien se molesta en leer lo que cuelgo aquí huelga decir que no va a ser el caso. Aun así, reconocer y agradecer la organización, asistencia, participación y difusión del evento. Hay enfermeras que se dejan los cuernos en tratar de romper con la hegemonía que satura la zona de confort. Son muy grandes estos de Acción Enfermera.

Sin embargo puedo afirmar con tranquilidad que dicho evento generó tanto intercambio de palabra como de emociones. Fue humanizador en el sentido más apreciado por esta particular.

El calor en enero. Que sea domingo, que estés en el norte-norte de Madrid a pleno sol oyendo pajarillos en vez de coches, invitaba a este ser a elucubrar sin atisbo de cese. Como había ocasión de compartir las peroratas me temo que eso hice.

Ya de vuelta al páramo me dispongo a celebrar mí día con muchas tareas a desarrollar en este año, pero hoy sólo celebro tener la oportunidad de estar en er mundo a mí manera. Gracias

 

 

Furrufalla

 

Sucede que a veces quiero venir aquí a contar no sé qué, pero soy incapaz de juntar letras, con la concentración en otro lugar, lejano. Había cambiado el año y seguía sin terminar el anterior, asuntos varios me impedían tan siquiera considerar las fechas para otra cosa que no fuera esperar la resolución de trámites, consultas y demás.

No sé qué clase de enfermera soy, supongo que de esas que intentan hacer bien su trabajo, con revisión nocturna de lo que me ha parecido mejorable en mí práctica; también tienen cabida las situaciones que he vivido o presenciado. Para bien y para mal soy bastante elástica en mis juicios internos, así que tengo material para rato. Lo que sí sé es qué tipo de acompañante soy, en especial si en la sala de espera suenan villancicos.

El caso es que a pesar de estar pendiente de varios asuntos de diferente envergadura, la vida sigue, el trabajo también, los tuits, los chats, aunque te sabe distinto, las prioridades cambian, se recolocan en una pirámide imaginaria de arena, como una duna geométrica y aritmética.

La ventaja de trabajar en un servicio tan concurrido es que no te da para más que para ir coordinando acciones que ayuden a fluir, – consiguiendo instantáneamente olvidarte de todo lo demás -, extremando los sentidos para no liarla. Ese es el método que empleo sucintamente como enfermera en urgencias. Y lo que no es la base de mí práctica adaptada a las circunstancias es el resto, es decir, cuidar. Las palabras que se usan, el tono, la expresión, incluso la energía que se pone en hacer, puede ser un verdadero cubo rubik, con múltiples alternativas que enlentecen todavía más cualquier proceso. La persona que llega espera ser acogida en general. A veces me veo un poco animadora, también.

Estamos en temporada súper-alta, con gente por todas partes y casi a todas horas. Cuando el servicio se llena, la tensión se palpa. La sensación de no avanzar es dura, pero difícilmente puedes ceder a ella. Si la cosa no tira por un lado, me ocupo de otra, me busco la vida, miro, pregunto, escucho. A veces parece que estemos en una cadena de montaje, vía, analítica, ecg, analgesia, placa…De un box al otro volando cuando se va con ritmo, preferible aunque sea agotador, porqué lo qué se hace se le hace a alguien que no se encuentra fino, o muy mal, y es imposible no verlo. Y esa combinación actuando de “tengo que hacer” y “cómo le va” no es una rutina, cambia constantemente.

Como cantaba Prince, don’t patronize me…ni a la sanidad pública tampoco.

Furrufalla: borrufalla – (coloquial de Huesca) hojarasca, fruslería, cosa de poca sustancia. DRAE.

Anomalía

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María tiene 69 años. Ha acudido a hacerse unas pruebas de imagen – mamografía y ecografía – como viene siendo habitual en ella desde hace más de veinte años. En esta ocasión visita un nuevo centro de diagnóstico por imagen, al haber cambiado de ciudad.

Le hacen las mamografías, no puede evitar fijarse en que no le aprieta demasiado la máquina, piensa que debe haber avanzado la tecnología y de ahí la falta de presión sobre sus mamas. El caso es que ella tiene un tejido mamario denso.

Cuando el radiólogo le realiza la ecografía, estando ella tumbada casi a oscuras, le hace preguntas acerca de su historial. A ella le sorprende que lo haga, ya que en todos esos años de revisiones, los médicos, al explorarla concienzudamente apenas le hablaban.

El médico al que no ve la cara sigue preguntando e incluso repreguntando. María empieza a sentirse incómoda, al tener que responder lo mismo, tumbada sobre la camilla sin ver a su “interlocutor”. Si la han operado, si ha dado el pecho, si ha notado algo…

Oye la palabra anomalía. El 3D muestra una anomalía en su mama izquierda. Como María sabe que tiene calcificaciones, cree que se refiere a eso. Después el médico le habla de quirófano, “de algo de un arpón”…Porqué se ve una anomalía. La paciente ya no entiende nada. Se siente en inferioridad de condiciones, reflexiona.

Le dice que hay que repetir las mamografías. Eso le sorprende todavía más, nunca le había sucedido antes. Se siente tensa, casi angustiada.

O quirófano ” que ya sabía que me íba a decir que no”, ¿cómo podía saberlo? o revisiones más a menudo. María sale de la consulta mal, nerviosa, incrédula con lo sucedido. Pregunta en recepción cuándo tiene que regresar, le responden que ellos no hacen seguimientos.

Así, se va hacia casa estresada, intentando entender lo que ha vivido. Los mareos por la tensión acumulada en esa consulta, sin ver la cara en ningún momento a quien le habla de quirófano sin explicarle en qué consiste que haya visto una anomalía, le duran más de una semana.

María decide visitar a otro radiólogo que ya conocía, aunque en otra ciudad en la que antes residía. Su meticulosidad y claridad le convencen, porqué sale de la consulta tranquila. Conocedora de la situación y de las alternativas.

Consigue por fin entender que la anomalía es algo distinto a lo observado hasta ahora, pero que no tiene porqué preocuparse por el momento, sino hacerse otra revisión en seis meses. Ese criterio coincide con el de su ginecóloga.

La 3D era ella, me digo, mientras me narra esta “anomalía”, quizás en la imagen, sin lugar a dudas en el proceder.

Larga y gozosa vida, María, siga cuidándose así de bien.

Nota: Esta entrada está basada por completo en hechos reales, tal como me los contó María.

 

Noviembre

 

“Because you left: Lost”

Tener un título que más bien parece la sinopsis de aquel relato que no escribo, principio y final. “Como en Lost”. Y ahí sigues, con el maldito título que no inspira historia alguna digna de contar, porqué él mismo lo contiene todo. Lo habré convertido en un mantra, un poco con sorna, también con cierto cariño, algo de verdad en él habrá.

Tuve la revelación en Nápoles, mirando por la ventana desde la habitación del hotel con vistas, en Garibaldi. Como no podía ser de otro modo, abrumada y fascinada por la costa del sur de Italia, presidida por el volcán, hubo entrada en este blog, que desapareció, inevitablemente, por mi falta de pericia con el editor versión smart. A pesar de perder entradas, incluso blogs, las historias que cuento por aquí se me quedan bastante, en una extraña danza entre lo real-virtual-deleted propio de esas mentes algo obsesivas con las letras y creo, los párrafos. En realidad son cosas del método, de alguno.

Pero no me quiero alejar tanto de noviembre. Para poder volver a ahora, tengo que recorrer parte del campo de Soria en mi coche en uno de esos días plenos, de verano todavía radiante, entre gasolineras de pequeños pueblos a pie de la nacional. A falta de tradiciones, una recurre al cánon. Las escapadas imprevistas sin previo aviso son marca personal, algo había que aportar.

Me podría arrepentir de ciertos errores crasos, enormes, pero entonces eliminaría los efectos duraderos del placer que se siente cometiéndolos. Nota mental

Desde el páramo, con la pell fina, noviembre, que siempre me ha parecido un mes pelín anodino, ha barrido a golpe de cerrojo de celda a un apabullante octubre.

Retomo la actividad del blog, como de costumbre sin saber muy bien por qué. Soy única promocionando este espacio, lo sé, eso también es marca personal.