Furrufalla

 

Sucede que a veces quiero venir aquí a contar no sé qué, pero soy incapaz de juntar letras, con la concentración en otro lugar, lejano. Había cambiado el año y seguía sin terminar el anterior, asuntos varios me impedían tan siquiera considerar las fechas para otra cosa que no fuera esperar la resolución de trámites, consultas y demás.

No sé qué clase de enfermera soy, supongo que de esas que intentan hacer bien su trabajo, con revisión nocturna de lo que me ha parecido mejorable en mí práctica; también tienen cabida las situaciones que he vivido o presenciado. Para bien y para mal soy bastante elástica en mis juicios internos, así que tengo material para rato. Lo que sí sé es qué tipo de acompañante soy, en especial si en la sala de espera suenan villancicos.

El caso es que a pesar de estar pendiente de varios asuntos de diferente envergadura, la vida sigue, el trabajo también, los tuits, los chats, aunque te sabe distinto, las prioridades cambian, se recolocan en una pirámide imaginaria de arena, como una duna geométrica y aritmética.

La ventaja de trabajar en un servicio tan concurrido es que no te da para más que para ir coordinando acciones que ayuden a fluir, – consiguiendo instantáneamente olvidarte de todo lo demás -, extremando los sentidos para no liarla. Ese es el método que empleo sucintamente como enfermera en urgencias. Y lo que no es la base de mí práctica adaptada a las circunstancias es el resto, es decir, cuidar. Las palabras que se usan, el tono, la expresión, incluso la energía que se pone en hacer, puede ser un verdadero cubo rubik, con múltiples alternativas que enlentecen todavía más cualquier proceso. La persona que llega espera ser acogida en general. A veces me veo un poco animadora, también.

Estamos en temporada súper-alta, con gente por todas partes y casi a todas horas. Cuando el servicio se llena, la tensión se palpa. La sensación de no avanzar es dura, pero difícilmente puedes ceder a ella. Si la cosa no tira por un lado, me ocupo de otra, me busco la vida, miro, pregunto, escucho. A veces parece que estemos en una cadena de montaje, vía, analítica, ecg, analgesia, placa…De un box al otro volando cuando se va con ritmo, preferible aunque sea agotador, porqué lo qué se hace se le hace a alguien que no se encuentra fino, o muy mal, y es imposible no verlo. Y esa combinación actuando de “tengo que hacer” y “cómo le va” no es una rutina, cambia constantemente.

Como cantaba Prince, don’t patronize me…ni a la sanidad pública tampoco.

Furrufalla: borrufalla – (coloquial de Huesca) hojarasca, fruslería, cosa de poca sustancia. DRAE.

Anomalía

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María tiene 69 años. Ha acudido a hacerse unas pruebas de imagen – mamografía y ecografía – como viene siendo habitual en ella desde hace más de veinte años. En esta ocasión visita un nuevo centro de diagnóstico por imagen, al haber cambiado de ciudad.

Le hacen las mamografías, no puede evitar fijarse en que no le aprieta demasiado la máquina, piensa que debe haber avanzado la tecnología y de ahí la falta de presión sobre sus mamas. El caso es que ella tiene un tejido mamario denso.

Cuando el radiólogo le realiza la ecografía, estando ella tumbada casi a oscuras, le hace preguntas acerca de su historial. A ella le sorprende que lo haga, ya que en todos esos años de revisiones, los médicos, al explorarla concienzudamente apenas le hablaban.

El médico al que no ve la cara sigue preguntando e incluso repreguntando. María empieza a sentirse incómoda, al tener que responder lo mismo, tumbada sobre la camilla sin ver a su “interlocutor”. Si la han operado, si ha dado el pecho, si ha notado algo…

Oye la palabra anomalía. El 3D muestra una anomalía en su mama izquierda. Como María sabe que tiene calcificaciones, cree que se refiere a eso. Después el médico le habla de quirófano, “de algo de un arpón”…Porqué se ve una anomalía. La paciente ya no entiende nada. Se siente en inferioridad de condiciones, reflexiona.

Le dice que hay que repetir las mamografías. Eso le sorprende todavía más, nunca le había sucedido antes. Se siente tensa, casi angustiada.

O quirófano ” que ya sabía que me íba a decir que no”, ¿cómo podía saberlo? o revisiones más a menudo. María sale de la consulta mal, nerviosa, incrédula con lo sucedido. Pregunta en recepción cuándo tiene que regresar, le responden que ellos no hacen seguimientos.

Así, se va hacia casa estresada, intentando entender lo que ha vivido. Los mareos por la tensión acumulada en esa consulta, sin ver la cara en ningún momento a quien le habla de quirófano sin explicarle en qué consiste que haya visto una anomalía, le duran más de una semana.

María decide visitar a otro radiólogo que ya conocía, aunque en otra ciudad en la que antes residía. Su meticulosidad y claridad le convencen, porqué sale de la consulta tranquila. Conocedora de la situación y de las alternativas.

Consigue por fin entender que la anomalía es algo distinto a lo observado hasta ahora, pero que no tiene porqué preocuparse por el momento, sino hacerse otra revisión en seis meses. Ese criterio coincide con el de su ginecóloga.

La 3D era ella, me digo, mientras me narra esta “anomalía”, quizás en la imagen, sin lugar a dudas en el proceder.

Larga y gozosa vida, María, siga cuidándose así de bien.

Nota: Esta entrada está basada por completo en hechos reales, tal como me los contó María.

 

Nepotismo, tocata y fuga

 

A estas alturas todos estamos familiarizados con la fórmula “retención del talento”, en las organizaciones. Suena bien. Quién puede prescindir del talento. Quizás se podría objetar que antes de hablar de talento habría que definirlo, para ver si vale la pena retenerlo. Más adelante habría que plantearse qué significa retener.

Elucidar qué talento conviene retener en una organización no parece moco de pavo.

El contexto lo es todo. Lo dice el personaje de Scott Glenn ( enorme ) en The leftovers a su hijo. Otras también lo pensamos.

Pongamos que la organización es sanitaria, y que por tanto el talento a retener sea el de los profesionales que trabajan en un contexto determinado, dentro de ella. Para simplificar, puede tratarse de un servicio asistencial, aunque hay otros.

Una vez situados, habrá que recurrir al marco normativo donde venga reflejado el desarrollo de las actividades de tales profesionales. El convenio, el estatuto, y demás como marco legal. Como sabemos, no es el único. Si me permiten la analogía con las fuentes del derecho, apostaría por lo consuetudinario en las organizaciones sanitarias como fuerza motriz de las decisiones en este caso. Precipitado, irreflexivo, juicio espurio. Bueno, como decía el contexto lo es todo.

Pero introduzcamos más conceptos. Haré caso de los expertos que respeto, al menos hasta ahora, e introduzco un nuevo concepto, estrechamente relacionado con lo expuesto, el valor. Lo qué aporta valor, para ser más precisa.

Pues si aporta valor, nos lo quedamos, ¿no? De nuevo tocaría definir. Por supuesto. porqué cualquier gestor/a en nuestras instituciones sanitarias, públicas, para más señas, necesariamente debe seguir un auténtico algoritmo a la hora de decidir. Si se trata de retener el talento que aporta valor, basándose en qué criterio debemos esperar que se produzca la “elección”.

Cargos de libre designación, con convocatoria. Pero y el resto de nombramientos que no aparecen consignados en el boletín…

El nepotismo es una forma de corrupción. Aunque siempre se podrá argüir que no son primos ni sobrinos. Es que me da igual, oiga.

Ya sabemos que esto no es una meritocracia. Ni una competición por aptitudes ni actitudes. Ni tan siquiera por el grado de compromiso con lo que una hace, por su profesionalidad o implicación.

Es notorio que algunas decisiones tocantes al personal se toman porqué sí, porque a mí me lo parece. Pues bien, a mí nadie me ha levantado ningún puesto, porqué en mí trabajo considero que no poseo nada. Pero han hecho algo mucho peor, que me hace dudar de todo. Si favorecen a unos por ser afines, no sólo están premiando a los próximos porqué les conviene, están penalizando a los que sólo intentan hacer su trabajo creyendo que su esfuerzo tiene sentido.

No me sirve la vocación, ni el privilegio de estar.

Un profesional demuestra lo qué vale cada día, a cada momento. No es un trabajo fácil. Nadie te obliga a hacerlo. Pero esto último no está del todo claro. Como profesional no puedo pasar por alto lo qué está bien para el paciente. Pero tampoco como trabajadora.

Creo en la sanidad pública. No me pidan que pase por alto decisiones que sólo persiguen perpetuar una determinada manera de hacer las cosas. A mí no me interesa el estatus. Me motiva el seguir prestando cuidados de calidad a los ciudadanos que los requieran.

Si tengo que dar un motivo para esta entrada, lo hago. Soy enfermera, llevo el suficiente tiempo en el negocio para darme cuenta de según qué cosas, y no estoy de acuerdo.

Creo que la sanidad pública como la hemos conocido tiene los días contados. No se habla con claridad del tema, pero es evidente.

Como tengo la suerte, o la desgracia, de tener vocaciones múltiples, puede que en un futuro no muy lejano me dedique a otras cosas. Sin dramas. Pero seguiré siendo candidata a pasar por una cama de hospital en algún momento.

Me gustaría pensar que cuando eso suceda, la enfermera que me atienda lo haga con el mayor grado de profesionalidad, de compromiso con el paciente y su profesión, y sobre todo, porqué vale mucho.

Si tienen que cambiar el sistema, háganlo. Dejen de marear la perdiz con bolsas vetustas. Hablen claro y apuesten por lo bueno, de una vez. Den la oportunidad a quién se la merece y que lo demuestre. A todos los niveles.

Ser enfermera es algo más que cumplir con tu trabajo. Es no agachar la cabeza ante las injusticias, sean del tipo que sean. Ante todo personas, ciudadanas.

Transparencia en todos los procesos de selección de personal, igualdad de oportunidades, de acceso. No es por la enfermera x, es por el sistema, por nuestra salud.

12/05/17 #DíaE

En el Día de las enfermeras, y todos los días:

Estar dónde se decide es el mejor lugar para poder influir. 

Si nosotras no hacemos política, la harán por nosotras. El no hacer política ya es una forma de hacerla.

Más allá de afinidades y desavenencias, lo importante es ver con claridad lo qué nos espera de seguir así. Esto ya lo hemos comprobado, el día a día no engaña. 

En el día de las enfermeras, tantas personas distintas con un mismo objetivo, cuidar por todos los medios desde nuestra ciencia, apliquémoslo a nosotras mismas, cuidemos la profesión y a quienes la desarrollan.

Hagamos política desde nuestras competencias. Donde haya una enfermera, que se note, por el compromiso que tenemos con los que confían en nosotras, adquirámoslo con la profesión, porqué puede que si no todo nuestro esfuerzo cotidiano acabe no valorándolo nadie.

En EE.UU. las enfermeras marchan sobre Washington para reclamar mejoras, en otros países se movilizan también. Creo que han sabido aunar voluntades bajo un objetivo común. Aquí podemos reivindicar mucho, pero por algo hay que empezar.

Podríamos seguir como hasta ahora, en caso de no detectar nuestras propias necesidades. Nadie que se dedique a esto lo haría en su práctica.

Igual más que la letra importa la melodía, coger el tono, canturrearlo hasta que se haga un hit.

Si está en las redes, que trascienda, que alcance a las protagonistas, que las enfermeras crean que está en sus manos influir en su profesión. La alternativa no cuenta con nosotras.

Superemos lo que ya conocemos, probemos algo distinto, avancemos.

Llámale manifiesto, llamada a la acción, o compartir. Tiene que haber una forma mejor, por bien de todos.

Cowling, W. Richard, Chinn, Peggy L., & Hagedorn, Susan. (2000, April 30, 2009). A Nursing Manifesto: A Call to Conscience and Action. Retrieved [19/04/17], from http://www.nursemanifest.com/manifesto_num.htm